San Millán de la Cogolla

 

 

De nacimiento Emiliano, fue un ermitaño nacido en Berceo en el año 473. Los primeros  datos sobre su biografía  aparecen en el año 650 de la mano de San Braulio, obispo de Zaragoza, que los había escuchado a su hermano Fronimiano, monje en la Cogolla. Posteriormente serían ampliados por el propio Gonzalo de Berceo en su obra Historia del Señor San Millán.


Hijo de una familia de pastores de origen hispanorromano, Millán siguió los pasos familiares del pastoreo hasta que con 20 años decidió abrazar la vida ascética tras un sueño místico en el que un ángel le indicó el camino de los Riscos de Bilibio. En este lugar excava su propia celda y sigue los pasos de San Felices o Felix quien le instruirá en la vida eremita a lo largo de 3 años en los que vivirá en estos montes pertenecientes al término de Haro.

 

Finalmente inicia su andadura en solitario y se refugia en los montes Distercios de la Sierra de la Demanda donde levantará altares y vivirá durante 40 años en soledad. Si bien su modo de vida va cobrando fama de santidad por lo que es ordenado sacerdote de la parroquia de Santa Eulalia de Berceo por Didimo, Obispo de Tarazona en el año 560. Fracasa en esta empresa dada la enorme caridad que demuestra para con los más necesitados lo que le hace gastar grandes cantidades de bienes eclesiásticos y lleva al obispo a destituirlo de su cargo.

 

Tras este periodo vuelve a retirarse a las cuevas de Aidillo en los montes de Suso o arriba, próximos a su pueblo. Si bien su fama de santidad ha ido creciendo lo que se traduce, por un lado en la llegada de numerosos peregrinos que acuden a conocerlo y por otro la creación de una pequeña comunidad formada por otros ermitaños que habían acudido a dichos montes para seguir los pasos de Millán. Se instalaron en cuevas y construyeron un oratorio primitivo, fueron: Aselo, Geroncio, Citonato, Sofronio, Oria y Potamia.

 

Murió a la edad de 101 en torno al año 574. Será enterrado en estas cuevas en lo que se convirtió en el Monasterio de Suso, hecho este sumamente excepcional ya que las autoridades eclesiásticas habían prohibido los enterramientos en el interior de templos en el concilio de Braga (561).

 

En el año 1076 sus restos abandonan el Monasterio de Suso para ser trasladados a la iglesia del Monasterio de Yuso. La leyenda cuenta que antes de esta fecha, más concretamente en mayo del año 1053 los restos del santo quisieron ser trasladados pero no fue posible.  El rey navarro García Sánchez que había inaugurado el Monasterio de Santa María la Real de Nájera quiso llevar a este lugar los restos del santo, algo que no pudo conseguir pues los bueyes se pararon y no quisieron seguir avanzando. Este sería el lugar en el que posteriormente se construiría el actual Monasterio de Yuso.

 

Su figura fue mitificada por hechos fantásticos o extraordinarios. Así se le atribuyen diversos milagros como curaciones, exorcismos de endemoniados, incluso resurrecciones.  Por ello su sepulcro se acabará convirtiendo en lugar de peregrinaje. Además tras la batalla de Simancas, en el año 923, en la que San Millán aparece en defensa de los cristianos es nombrado patrón de Castilla.

 

La iglesia reconoce oficialmente la santidad de San Millán canonizándolo en la temprana fecha de 1030.