Aunque él mismo reconoce en una entrevista realizada en el diario La Rioja que apenas ha dibujado a lo largo de su vida, José Manuel Pajares ocupa un lugar destacado en la historia del tebeo riojano. De su precoz imaginación surgieron los personajes protagonistas de la que es considerada la primera historieta editada en nuestra comunidad, Ricardo, Balilla y Pirracas.
Tan solo era un adolescente y se vio inmerso en la aventura editorial al presentarse en un concurso de talentos impulsado por un librero local.
Nacido en 1937 en Logroño, José Manuel Pajares se cría en una familia compuesta por un padre de origen madrileño, una madre descendiente de Muro de Aguas y cinco hermanos. Las sombras de la postguerra aún se alargan sobre España y Cecilio Pajares (el padre) saca adelante a su familia trabajando en un taller mecánico del que es propietario, en la calle Queipo de Llano (hoy María Teresa Gil de Gárate).

Imagen del paso a nivel del ferrocarril en la calle Vara del Rey
En aquella época, Logroño continúa partido en dos por la línea de ferrocarril, en un trazado que años más tarde ocupará la Gran Vía. Será así hasta 1958. La construcción de la pasarela que libra esa barrera psicológica a la altura de la actual calle Chile en 1929 fue uno de los elementos que promovió el desarrollo de este barrio industrial al sur de la ciudad. Es uno de los extremos que configuran el espacio vital del joven José Manuel, sobre todo a partir de los 14 años, cuando empieza a trabajar junto a su padre. Los otros dos extremos están al otro de la vía del tren.
"Es a través del canje de cuaderno o de su lectura directa previo pago en el mercadillo de Eduardo Martínez Careaga donde José Manuel se introduce en el mundo del tebeo."
Hay que salvar la línea férrea, ya sea por el paso aéreo o cruzando la vía por la Vuelta del Peine, para pasar al otro Logroño y llegar al Palacio Monesterio próximo a la plaza de San Bartolomé. El edificio acoge el Círculo Católico de Obreros, que desde la intervención del padre Cándido Marín ha renovado sus actividades en favor de las clases trabajadoras, con especial interés en ofrecer una programación atractiva a las juventudes logroñesas. Aquí José Manuel Pajares es instruido en el arte del dibujo por el profesor Gregorio Alonso Beti, quien, en palabras del propio Pajares, promete a su alumno un porvenir en el mundillo de las artes gráficas en Madrid… trayectoria que quedará poco menos que abocetada.
Como tantos otros jóvenes de la época, otro de los extremos destacados en este Logroño por el que José Manuel Pajares pasea su mocedad es un quiosco ubicado en el Espolón. Aventuras en parajes exóticos, mamporros y revólveres: es a través del canje de cuaderno o de su lectura directa previo pago en el mercadillo de Eduardo Martínez Careaga (a la altura del número 13 de la calle Muro de Francisco de la Mata) donde José Manuel se introduce en el mundo del tebeo. La escasez propia de la época fomenta un animado ambiente de trueque e intercambio alrededor del puesto, en busca de ese número todavía no devorado de Hazañas Bélicas, de Pacho Dinamita o de Roberto Alcázar y Pedrín.

José Manuel Pajares
Pajares continúa su formación en la Escuela de Artes y Oficios, que había sido reabierta en 1951 después de la Guerra Civil (período en el que el emblemático edificio fue habilitado como prisión para republicanos). Presenta algunas pruebas para Metal Gráficas, empresa que trabaja los botes de conserva, y quedan encantados con la muestra expuesta, pero Cecilio Pajares es reticente. Prefiere que su hijo le eche una mano en el taller, un oficio que al menos asegurará algún cuarto más a la economía familiar.
Y entonces llega 1954 y a José Manuel se le presenta una nueva oportunidad para probar sus dotes con el lápiz. Adriano Pascual San Juan, propietario de la librería Balmes de la calle General Gallarza, anuncia en el diario La Rioja un certamen de dibujo de tebeos. Como el propio Pajares recuerda: “Fue en plena recesión, cuando no había ni dinero ni papel y leí un anuncio en La Rioja de un concurso donde sólo daban los nombres de unos personajes para dibujar en una historieta. Me presenté y gané”. Es el nacimiento de Ricardo, Balilla y Pirracas primer tebeo editado en La Rioja.
"Pajares debe compaginar su trabajo diurno de 12 horas como mecánico en el taller familiar con el de dibujante de tebeos por la noche."
Según le confesarían después, los dibujos realizados por Pajares no son los mejores, pero sí que cumplen con los requisitos de lo que Adriano Pascual especificaba en su anuncio. Unos meses más tarde, y dado que José Manuel es menor de edad, Cecilio Pajares firma el contrato con Adriano Pascual para que su hijo escriba y dibuje la colección de tebeos infantiles de Balilla, Ricardo y su perro Pirracas. El editor se comprometía a pagar 250 pesetas por cuaderno de 9 páginas más la portada que el joven elaborase.

Algunos bocetos del joven Pajares
En los primeros cuatro meses José Manuel dibuja 9 cuadernos de lo que finalmente fue una colección de veinte números. Doce serán las entregas de la serie firmadas por él (del 1 al 6, 8, 10, 11, 13, 18 y 19) que complementan otros autores como Eliecer Ramos (otro logroñés que había atendido al anuncio de Pascual en la prensa).
Pajares debe compaginar su trabajo diurno de 12 horas como mecánico en el taller familiar con el de dibujante de tebeos por la noche.
Tras esta aventura, José Manuel Pajares deja la historieta definitivamente. Solo se le conocen algunas labores artísticas artesanales realizando pergaminos para la peña “La Rondalosa” o las vidrieras de la iglesia de Muro de Aguas, pueblo natal de su madre. A la muerte de su padre, deja el taller e inicia una nueva etapa laboral, primero en la empresa Jisuma hasta 1985, después en Unipapel como contramaestre de taller. Tras el fallecimiento de su esposa es enviado a Alemania como representante de Unipapel. Es tras volver de aquel país de nuevo a Logroño cuando conoce a su segunda esposa, con la que contrae matrimonio en 1990. Diez años después, se jubila.
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